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La ViDa DeSpUéS

PaLabRaS QuE EnCoGeN eL coRaZóN

Comencé a escribirte el mismo día en que recibí, con mucha alegría, tu email.
Iba llenando la segunda página de lugares comunes, de lo mala que es la comida del avión, del calor que hace aquí y del frío que a Uds. se les viene encima, ya sabes, lo que hablas con la dependienta del dentista mientras observas una Hola! de cuando Isabel Sartorius era la novia del Felipe y la Letizia mujer de un bohemio peludo. Me fuí del hilo...
Tu última semana aquí la pasaste triste, melancólica, rara.
Me preocupó, claro, pero también me llevó al recuerdo del delicioso sabor de mi primera independencia, esa que ustedes condimentaron con lujos y carísimos juguetes que yo sólo imagino. Madrid debe estar duro, frío.
Las cosas de aquí en adelante pueden empeorar, culpa de este mundo que a todos avasalla. Crecí en una realidad distinta, época diría, existían alternativas, otras formas de vida hacia dónde los mayores nos guiaban con ternura infinita. Y el hecho de que ellos fallaron y de que nosotros terminamos endurecidos y sin ternura, no les quita ni un pelín de virtud a la generación de realistas que pedían lo imposible, que en el medio nos parieron y trataron de cuidarnos lo más que pudieron.
Pero claro, siempre uno piensa que lo más importante es lo que uno no sabe, en tu caso muchas cosas que yo no quisiera tener aprendidas. No sabes lo que es bucear en sus ojos horas tratando de descubrir que nueva traición ocultan, ni la horrible sensación de que nadie se merece la más mínima confianza.
La dictadura es buena cuando sos El Caudillo y la disciplina te hace "fuerte": quien siempre tiene razón construye su mundo en confortables blancos y negros, buscando evitar el colorido caos de la realidad ajena. Eso no es ser fuerte, eso es ser pobre.
Cuando relates mi história e inadvertidamente me promuevas de tu amigo, el que trabajaba en un bae de Miami, a Hombre de Hojalata, a León Cobarde y de repente te convenzas de que el polvo de tus zapatos es amarillo, como los ladrillos que conducen a mi casa.
Es que nádie se entera cuando la memória, esa vieja puta y cobarde, nos tiene, una vez más, emboscados.
Que mi infierno personal no te sea fuente de pena. Como proclamaba una montevideana pared: "coma mierda: millones de moscas no pueden estar equivocadas"
Y claro, muchas veces la gente se marea conmigo, piensan que llevo adelante mis dias de manera más o menos divertida, que sé vivir bien, comer mejor. Ven que río y que bromeo. Siempre habrá gente que confunda durar, con honrar la vida.

Tu Amigo Nico.

2 comentarios

Ever After -

He leído esta carta tantas veces... Este uruguayo es todo un gran pensador!! Y una persona extraordinaria!

Un beso Ardi, gracias por comentar.

Ardi -

Confundir "durar" con "honrar la vida". Buen hallazgo. Y es verdad, lo confundimos fácilmente...